Autoconocimiento: el miedo a no ser elegido

Durante toda mi vida he sido evaluado. ¿Cómo se lee la C con la E? ¿De qué color es Escuchín? ¿Cómo se escribe si-en-ti-fi-ko?... La Rr no suena grrr… De último sale porque no se ha aprendido El Credo de los Apóstoles; ¿Cuáles son las partes de la célula? ¿Cómo se calcula la masa molar? ¿En qué ángulo se refleja el trapecio de la imagen? ¿Dónde se percibe en el dibujo una línea de horizonte clara, y por qué el lateral del isométrico no coincide con las proporciones de la vista frontal? ¿Cómo se hace un análisis de coyuntura? ¿Qué quiso decir Heidegger en la técnica? Why you don’t have fourteen years, but you are fourteen years old? … Despeje X… ¿Cuántos magistrados tiene la Corte Suprema? ¿Cuáles son los atributos de la personalidad jurídica? ¿Por qué el error invencible vicia la tipicidad? ¿Cómo se realiza el test de proporcionalidad? ¿Sabe quién es Boaventura? ¿Usted ha leído?


Estudiante desde los tres años. Más de doscientas materias. Más de mil doscientos exámenes; millones de preguntas. Siempre sentado, esperando. Esperando a escuchar mi nombre y acto seguido ver dibujado en el papel la única grafía redentora: 5.0. Siempre esperando la distinción de honor, la dimensión sociopolítica, El perfil (ignaciano), el icfes, el examen de admisión, la matrícula de honor; siempre esperando a ser reconocido. ¿Cómo no temer la ausencia de la cima, no estar en cabeza, no ser el mejor si la vida me indicó que la forma del amor sólo vendría tras la excelencia? ¿Cómo no sentir miedo a no ser elegido, si la confirmación de mi valía reposaba perpetuamente sobre la nota?


De eso se trata, de la sensación inconsciente de que todo en la vida es un examen, de que en todo momento mis observadores son jueces y el cariño un resultado unívoco de mi desempeño. El trauma, si se quiere, o la obsesión, trastocó todas las esferas de mi vida, yendo a cada rincón de mis relaciones personales. ¿La vida en pareja? una prueba constante por ser único, EL único, el mejor; cada instante una lucha por la aprobación, por la reafirmación de haber sido elegido.


Con todo esto, era evidentemente más sencillo no intentar, no ir a lo novedoso, no sumergirse en esferas donde mi habilidad fuera prematura, precoz; lo desconocido era inconcebible, pues nadie es el mejor entre todos cuando debuta. Los demás eran competencia, amenaza, enemigos, rivales que podrían lograr desplazar las miradas de asombro, los aplausos y señalamientos, y entonces no fueran para mí, y entonces no quedara más aprecio y estima que me avivara.


Aquí una génesis para la ansiedad, por estar a la expectativa en todo momento, aguardando el resultado; lo mismo que para la necesidad, de verme afanado por escuchar y recibir gestos que ratificaran mi lugar (siempre primero); y definitivamente de los celos, porque la mirada en otro era evidencia de que yo no estaba siendo elegido.


Al momento de discernir estas ideas y des-cubrir la realidad que me atormentaba no pude sino sentir compasión y empatía conmigo mismo. Muchos años agonizando y padeciendo de cuenta de esto, así como viviendo en diferido: encerrado, tímido y asustado. No obstante, el camino a la superación y crecimiento emocional no le están privados a nadie, y éste es otro hito en mi camino hacia el amor propio y la felicidad.

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