top of page

El sueño típico de la traición

Voy a tratar de reunir varios elementos para explicar racional y empíricamente el sueño típico de la traición. Después el sueño me será representación de una función constitutiva de mi personalidad, que trataré de confrontar y desmontar: la Presunción de Rechazo.


Lo primero será caracterizar el sueño (típico de la traición). Cuando me refiero a sueño típico no estoy diciendo algo distinto a el típico sueño de______ Con típico apunto, no a describir uno de los relatos que este tipo de sueño (el de ser traicionado) presenta, sino a des-cubrir sus movimientos recurrentes, su estructura, su tipicidad. A estas alturas, caracterizar este sueño no es difícil, pues ha sido uno de los más habituales y repetitivos. El Cuaderno de Asuntos Oníricos muestra en el Sumario de mis Sueños que la categoría Rechazo es, de hecho, la más popular. Aunque no todos los sueños de Rechazo circunscriben exactamente una escena de traición, si es común que la representen. Traigo algunos:


“…Me preocupaba por el pensamiento ¿con quién duerme el? La respuesta, que con mucho miedo anticipaba, fue ella. Colapsaba en pánico cuando leía su mensaje” De nuevo, Crucero (19/08/21).

“Mi amigo me confesaba, con algo de pudor, que se había comido con ella como a principios de octubre”. Apartes (17/07/20).

“Aparentemente me casaría con ella. No obstante, un día antes de aquello, ella, simplemente, ya no estaba. Apartes (01/07/20).

“En la última ocasión, aparentemente luego de una importante reunión de trabajo, ella se contraía a sí misma en un horno. Yo tardé uno minutos en llegar, y apenas pude detener el acto. Vi su cuerpo rostizado y contorsionado, su rostro enseñaba un gesto de satisfacción. La sacaba de ahí, la tendía; apartaba a sus hijos para que no vieran, gritaba y lloraba desesperado.” Apartes (10/06/20).

“Llegaba y ella exclamaba efusivamente por el. Su voz y sus gestos se tornaban infantiles para llamar su atención y dejar claro su necesidad. Me sentí mal, sobre todo incómodo y celoso, no tardé mucho en despertar.” Traumas modernos (03/06/20).

“Luego de acariciarlas, de apoco adentraba mis dedos en su pantalón. Ella aparecía furiosa y agitaba su mano desaprobando lo sucedido. Ellas intercambiaban palabras de desprecio. Sentía ganas de perseguirla y ofrecerle explicación, pero continuaba mi faena con aquella.” Encuentros particulares (21/05/20).

“El la invitó a comer y ella me lo comentaba por mensaje de texto, como sacándomelo en cara.” Dos miedos (10/04/20).

“Me decía que se iría a dormir con el.” Despierto, mil y un respuesta (03/04/20).

“Me mostraba en su brazo izquierdo el borrador de una tatuaje: Meza.Amigos y centro comercial (18/12/19).

“Ella volvía, no sé de dónde, por lo que me movilizaba a su recibimiento. Iba plenamente entusiasmado por el encuentro. Al llegar y verla rodeada de personas, me rechaza. Aparentemente mi pareja era el. Ella se burlaba de mi, me humillaba.” Sueño (23/10/19).

“Yo la veía allá, en una silla, hablando con un tipo. Era coqueta, se reía con el y le posaba las manos. Le regaló un lapicero, le guiñó el ojo y le tiró un pico. Estábamos en un toque, pero yo no escuchaba la música.” Casa Vieja (11/12/22).


Vale. El sueño típico de la traición comporta varios elementos: un sujeto A, punto de referencia -Yo- y otro B, externo, pero emisor de un acto, conducta o mensaje que, como yo mismo he nombrado, significa, tiene el sentido, es expresión de Rechazo. Así:


A<-B Yo Ella

Hay varias cosas de este esquema que cabe resaltar. Yo soy el punto A, no porque yo mismo sea quien emita la acción, sino porque soy yo quien la valora, quien da el sentido de lo que termina siendo; yo soy el sujeto pasivo de la acción, pero el sujeto activo de la recepción, es decir, de la interpretación. B es siempre alguien, aunque indeterminado, pues en cada sueño y en cada escena varía, completamente determinable. Su ‘tipo’ o su condición esencial es que sea alguien en relación de amor conmigo.


Sobre este asunto ya he avanzado arduamente y conozco con certeza el porqué me afecta que una persona en relación de amor conmigo me rechace. En lo elemental, el afecto que se transmite en el acto amoroso causa, entre otras cosas, el efecto de la validación. Ser amado es siempre ser amado por lo que soy, ser rechazado, inevitablemente, es ser rechazado por lo que soy (para el otro). Una persona suministrada de amor ganará de inmediato aprobación de sí misma, lo que le infundirá seguridad, pero le hará proclive a la dependencia.

Es por esta razón que mi familia y mis amistades también me interpelan en cuanto al rechazo, pese a que el personaje típico del Rechazo es (quien funja de) mi pareja. No porque el enamoramiento erótico y romántico se predique de ellos, sino porque a través de la amistad se configura la situación de amor.


Ahora, con respecto al mensaje, al medio, la acción, el gesto, lo ‘hecho’ puedo declarar algo concreto. Los sueños aquí no son propicios para darse cuenta, pues mal que bien las cosas que ‘me hacen’ (en el sueño) si pudieran constituir ofensas a mí y operar de causal para el reproche. En cambio, mi experiencia de pareja ‘real’ refleja algo diferente. Hace poco, en verdad, logré reconocer esta ‘presunción’. La dinámica es la siguiente: cuando mi pareja actúa, lo que yo siempre o en principio espero de ella -de ahí a que se llame presunción- es mi desaprobación, mi rechazo, mi juicio. La presunción es la materialización práctica de un marco interpretativo de la realidad, pues no asumo las cosas por lo que son, sino por lo que son para mí.

Acá, entre otros, tiene lugar un desafortunado desencuentro, una plena violencia epistemológica: como presumo la desaprobación, reduzco todas las cosas a ofensas, pruebas, críticas, acusaciones, señalamientos, no dejo que las coas sean lo que son (su presencia), sino que las vuelvo solo y enteramente lo que son para mi (su ausencia), El efecto es trágico. Mi interlocutor se convierte todas las veces en alguien ‘malo’, o más bien, se confirma para mi como tal, pues yo ya pre-suponía que lo era; y esto lo despoja irremediablemente de mi confianza. Lo peor me queda a mi, pues no puedo, por este mismo motivo, saberme plenamente amado ni puedo plenamente gozar ningún acto de amor. Aunque me estén amando yo mismo niego la posibilidad de, para mi, poder ser amado.


Bueno. Ya quedó suficientemente caracterizado el sueño típico de la traición, por lo que puedo aventarme a conjeturar lo que es. En tanto sueño, este tipo de escenario onírico es representación, puesta en escena, situación de una función que me es, o que me ha sido, constitutiva: la Presunción de Rechazo. Eso que yo estoy viviendo todos los días en mi interacción con los demás, sobre todo con quienes más quiero ­-que vuelvo­- es simplemente pensar que no me quieren y que todo lo que hacen por y para mi debe ser primero ‘evaluado’ para descartar o defenderme de un rechazo, continúa en mi imaginación cuando “descanso”.


-De ahí que sea trasnochador.


Así las cosas, debo trascender el sueño, representación, para alcanzar lo real, el proceso (de representación), el cual, como he comprobado, me afecta tanto en vigilia como en sueño.


Los efectos prácticos de la Presunción de Rechazo los he contemplado antes y hoy son muy claros para mi. Por un lado, mi pujanza por ser autosuficiente -en palabras de no debo necesitar a nadie- proviene de que es precisamente el amor mi lugar predilecto de insuficiencia y tormento. Por otro lado, mi desapego a las personas es también resultado de esta ‘cualidad’. Como presumo que me rechazan, presumo que, eventualmente, se irán; yo me adelanto y me mantengo al margen de ellos.

También, obvio, esto me ha forjado como alguien o muy egocéntrico, cuando, previéndome rechazado por los demás, son mis palabras grandilocuentes e infladas una forma de compensación; o muy complaciente, cuando presuponiéndome rechazado por mi pareja, sucumbo ciego a sus demandas para compensar.

Lo cierto es que mi personalidad reservada, evasiva, silenciosa, en-si-mis-ma-da proviene de que siempre he presumido mal del mundo y de las personas. Los ‘demás’ siempre han aparecido, en principio, para mí como hostiles y enjuiciadores ¿para qué exponerme al juicio y la desaprobación? mejor me guardo.


-La verdad, me sorprendo hoy yo mismo de lo sociable que he podido ser.


Pero bueno. Lo que francamente más me interesa no son los efectos de esta presunción, sino su razón, su motivo, su origen. Mejor dicho ¿yo por qué pienso que todos simplemente me reprueban? Tengo una respuesta. Porque así ha sido, porque así es y porque así será. Toda mi temporalidad vital está explicada y racionalizada por mí mismo desde este proceso, es mi ideología.


Porque ha sido así. En mi pasado, es decir, cuando era chiquito, este movimiento de /ser/-/ser desaprobado/-/dejar de ser/ fue la forma natural de mi crianza, es decir, fue la época en que aprehendí a ser así ¿cómo devine en esto? pues, por el efecto colateral del amor de mis papás. Ellos siempre han querido lo mejor para mí, LO MEJOR, y eso ha significado tanto proveerme de las mejores cosas, tratarme de la mejor manera, cuidarme de todo lo malo, pero también de demandarme y exigirme lo “mejor”. El llamado a la perfección no es algo malo en si mismo, de hecho, creo que es legítimamente deber de los buenos papás. Lo que pasas es que la perfección o la invitación a la perfección no puede ser a lo que para mí es lo mejor que tú podrías ser, sino la auténtica mejor forma de ti mismo. Eso significa varias cosas. Para que la perfección no se configure como un ideal sino como una realidad, entonces debe ser situable, ‘alcanzable’ en lo ya presente y no en lo futuro. Eso quiere decir, valorar a los niños por lo que pueden dar ya y no por lo que podrían dar mañana.

Mi papá decía Lo difícil no es llegar, lo difícil es mantenerse. Pero lo difícil sí es llegar, pues mantenerse no es otra cosa que seguir llegando. Y es muy diferente sentirse orgulloso por haber conquistado hoy la cima que por mi edad puedo conquistar, que sentirse insuficiente porque el mérito reposa en un “mantenerse”, futuro inalcanzable, pues a cada llegada habrá otra al día siguiente ¿Cuándo me siento bien entonces por lo que he hecho, por lo que soy? ¿Cuando me muera y pueda ver en retrospectiva que me “mantuve”?

El asunto es que los niños, en tanto dependen, literalmente, de sus papás, están por necesidad en una relación de sujeción con ellos. Cuando un niño deja de hacer algo y en vez hace algo que le demandan sus papas -¿y el niño por qué hace caso? pues porque si no hace caso, lo regañan, lo desaprueban, lo privan del amor fundamental que necesita para vivir- si, en parte se está “educando” para habitar la sociedad, pero si solo hace aquello que le exigen y no de cierta manera lo que el también quisiera ser, acaba asumiendo como suyo el deseo de sus padres y El (como un Yo) se vuelve El para sus papás y no El para sí mismo.

Y bueno, aunque mucho dolor ha causado ser otro para mí (mismo) durante la mayor parte de mi vida, nadie en verdad tenía malas intenciones de que esto pasara. Todos siempre hemos querido lo mejor.

¿Por qué este antecedente funda la aparición de la presunción de rechazo? Pues, por lo mismo que un niño esconde y no organiza su reblujo bajo la cama: porque sabe que lo van a regañar (por solo ser él).


Porque es así. ¿Cómo que es así? ¿Cómo la presunción de rechazo tiene su causa en que efectivamente así es mi vida? De esto si me he encargado yo, de hecho, estoy a cargo todo el tiempo. Mi estar en el mundo es el estar en el mundo desde mi presunción de rechazo; como esta presunción es marco interpretativo para atribuir sentido a lo real es también mi realidad. Soy preso de mi propio pensamiento sobre mi estar en el mundo. Cómo mi presente se altera y se ha configurado por vivir desde la presunción de rechazo es algo que expliqué párrafos atrás.


Porque así será. Presumir lo malo no solo me hará pensar que pasará lo malo, que sí, pero yo no soy una persona incrédula ni especuladora; quiero decir, no soy solo eso. De hecho, la evidencia y la prueba me hace mucha falta para declarar convencido. Así, lamentablemente, yo mismo artificio los motivos para luego si validar la presunción de rechazo.

A lo largo de los años, que desde hace como ocho para mí han sido casi ininterrumpidamente en relaciones de pareja, de cometido diversas infidelidades. Lo cierto es que la ecuación engaño porque “se” que me van a engañar no es suficiente para explicarlo. Más bien, es algo así como engaño para saberme, para constituirme innegablemente rechazable. Aun cuando todo va bien, sano, amoroso, entregado, yo me encargo de sabotearme a mí mismo, mi propia felicidad, incurriendo en una ofensa muy reprochable que me da una justificación a mi mismo de ser reprochable. Así, humillado y culpable, pudo volver a ocupar mi lugar en la vida de ser-despreciable.


Seré despreciado por los demás, es mi presunción.

Pero ella proviene de que yo afirme:

soy despreciable


-Y por eso odios los cumpleaños.


La magnitud de mi codicia es la magnitud de mi propio desprecio.

Tamaño: conquistar el mundo.


21 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
bottom of page